Apuntes sobre la catástrofe: el arte fotográfico de Luis Carle

El arte fotográfico de Luis Carle tanto en su taller de trabajo OPART (Organización Puertorriqueña de Artistas) del Centro Cultural Clemente Soto Vélez (1992–2013), como en exposiciones individuales y colectivas de galerías, museos, videos, performances, o en otras muestras y propuestas artísticas significantes, se proyecta desde la Ciudad de Nueva York al planeta como testigo ocular de una civilización y sociedad en decadencia. La civilización presente ha demostrado ante sus consignas de progreso y evolución las ambigüedades sistemáticas. El adelanto va de mano con el caos, la catástrofe y la hecatombe. Hay que vigilar nuestra vivencia diaria sin deslizarnos hacia la barbarie que se encubre con avances e innovaciones. Así el ojo sobre la cámara funciona como un cronista o un rastreador del pasado que se avala de un material histórico: la pandemia del SIDA en la década de los ochenta, noventa y del nuevo milenio. 

De esta manera, la fotografía queda impregnada en la memoria como testimonio, gracias al foco de la cámara que se manifiesta como testigo de una época espectral, en la cual la violencia y el genocidio han tomado carta de presencia. Las diferencias y desconstrucciones de las oposiciones binarias del género, los cuerpos sexuados, transgresores de normas y categorías a discursos normalizadores, han vivido la estigmatización, la opresión, el discrimen, la injusticia, el oprobio, el genocidio y la catástrofe. 

Según nuestras observaciones, el presente exige conexiones con el pasado para escapar de la continuidad histórica llamada utópicamente, progreso. Es necesario prestar atención al pasado para develar su fuerza en el presente y no proseguir con los mismos errores que se formalizaron previamente. Es a través de nuestras miradas a las contradicciones de una época que racionalizamos y analizamos sobre las falsedades que se brindan en el presente, intentando la norma o el control de familias para la manipulación de masas. De esa forma, veremos la destrucción surgida, y así frenar ante las condiciones que ofrece la hegemonía que no es otra cosa que la muerte de sujetos. No existe una linealidad histórica. Lo que se llama progreso es una falacia que ha destruido vidas. Lo acontecido ha sido la represión, y es el pasado, un rayo lumínico que presenta en la foto ese instante y ese peligro que ha acechado y acecha al colectivo LGBTTQ. 

De ahí que, el testigo se adentra entre las ruinas, entre los cadáveres o entre la hecatombe surgida sobre aquellos sujetos que danzaban de felicidad y revolución en esa búsqueda de equidad frente al envidioso sistema hegemónico heteronormativo. Es decir, frente a un sistema que buscaba potenciar discursos de control hacia un colectivo que se escenificaba frenético y disidente hacia normas sociales, hacia funciones convencionales de familias nucleares y hacia trabajadores tradicionales asalariados; hegemonía frente a súbditos que manejaban una multiplicidad de imaginarios, una irresistible estilización de dominio creativo y una distinta manera de auto-representarse. 

La fotografía nos sorprende y nos atrae por la decoración visual que acompaña la autorrepresentación de esa multiplicidad de sujetos en lugares de culto o del underground, en el cual predomina la sensual exageración y el extravagante artificio. Donde la frivolidad y la rareza performativa de esa multitud transpira en los lugares donde se socializa una sensibilidad indefinible e irracional que nos resulta simpática y estimulante. El gusto por esta sensibilidad indefinida y amanerada que nos provoca la teatralidad heterogénea y polifónica desafía lo posible. El travestismo, la androginia, los amaneramientos exagerados que se imponen en muchas de las fotografías destronan lo serio e imponen lo lúdico, el goce y el esteticismo en sus representaciones. 

Luis Carle. Gay Pride, 2016. Digital Photo. 11 x 14. Julius Bar, NYC

Su intento grupal es llevarlos al arrepentimiento y evidenciar los fracasos del poder hegemónico frente a la catástrofe. Por esto, entonces, es que la fotografía ejerce como un Mesías que desde el presente camina por los vericuetos del pasado y nos conduce como espectadores a la responsabilidad social y ética sobre acciones genocidas con la pandemia del SIDA en la década de los ochenta, noventa y parte del nuevo milenio. 

En esa búsqueda de redimir a quienes fueron víctimas de la pandemia, la cámara se traslada al pasado como consigna de liberación, dignidad y conciencia ante las consecuencias que se vivieron y aún se viven. Debemos tener en cuenta que la capitalización de los derechos y leyes que rigen la práctica de la vida diaria del colectivo marginalizado debe exponerse en oposición directa a lo que se ofrece. Es en esa manera, que el pasado se concibe como un destello de luz que se agarra para que no se nos escape, y así la foto se nos revela coherentemente como una escena que tristemente surge y resurge. 

Luis Carle. Kevin Aviance. 2006. Digital Photo. 11 x 14, LGBTQ Attacks, NYC

Hay que reconocer en el pasado el apoderamiento de su fotografía y dilucidar sus actos catastróficos frente al peligro sistemático que ha amenazado y amenaza al colectivo. El aura en las fotografías emana empatía y salvación frente al terror que involucró a los vencidos. Por consiguiente, nuestras miradas nos permiten pensar sobre la capitalización de los vencidos por vencedores, que no son más que rasgos de manipulación y control biopolítico.

El pasado hay que apuntalarlo sin neutralizaciones y negociaciones; su estado de excepción demuestra que las víctimas de la devastación son la regla. Los vencidos son los realizadores de la historia. Se necesita la excepción al orden establecido y moverla a contracorriente de un futuro progresista y teleológico. 

Luis Carle. Erick, Nilsa, and Hiram, circa 1990, Digital Photo, 11 x 14, East Village Studio, NYC

Por lo tanto, no es de extrañar, que el ojo sobre la cámara preste atención a los sujetos y sus elementos que ahora aparecen entre ruinas, y son las exposiciones fotográficas aquellos actos del pasado que generan esa alegoría angelical sobre la vivencia histórica. El ángel reivindicador que representa la fotografía no cierra sus alas; su propósito es despertar a los muertos; ni los muertos están a salvo. Se debe luchar contra el progreso futurista que busca arrastrar al pasado para borrar y desaparecer sus evidencias. La documentación fotográfica devela la barbarie, y solo la fuerza angelical y mesiánica que la simboliza, luchará contra el terror sistemático que intenta y reintenta vencerlos.

References

  1. Benjamin, Walter. 1996. La dialéctica en suspenso. Fragmentos sobre la historia. Ediciones Lom, Arcis. 
  2. Butler, Judith. 1993. “Inmitation and Gender Insubordination.” The Lesbian and Gay Studies Reader, edited by Henry Abelove, Michèle Aina Barale, and David M. Halperin. Routledge. 
  3. Carle, Luis. 2024.Street Life. Queer Activism, Performance, and the Photography of Luis Carle. The Loizaida Center, New York, June 7–28. 
  4. Foucault Michel. 1993. “Las relaciones de poder que penetran en los cuerpos”. Microfísica del poder. La Piqueta.
  5. Sontag, Susan. 1996 “Notas sobre lo ‘camp’”. Contra la interpretación. Trad. Horacio Vásquez Rial. Alfaguara.