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Senadora Liliana Belardo De O'Neil

      Liliana Belardo De O’Neil, quién se identifica a sí misma como Puerto-cruceña, ha estado muy activa en la esfera política de las Islas Vírgenes. De hecho, para noviembre del 2008, y en representación de las Islas Vírgenes, era la única representante del Caucus Afroamericano que participaba como miembro del Comité Nacional del Partido Republicano.

      Belardo nació en St. Croix de padres viequenses que migraron a la isla en los años ’30. En su hogar sus padres le exigieron a ella y a sus hermanos hablar en español y practicar las tradiciones de la cultura puertorriqueña. Es así que en su casa se comía lechón y pasteles . Sin embargo, Belardo reconoce que al vivir en un espacio cultural en dónde la educación formal es en inglés, los conflictos eran constantes y difíciles de manejar en el hogar. Estas tensiones se acrecentaban en el salón de clases porque, “we were in conflict with the children in the school, everything was in English, so we had to learn English and we were like at disadvantage with the other kids because everything was in English “. Establece Belardo que para ese momento no habían programas de educación bilingüe.

      Otro aspecto en dónde experimentó tensiones fue el choque de experiencias culturales diversas que son propias de las experiencias migratorias. Por ejemplo, “ we the girls we were trained to cook, wash, iron…I was against that training, I did not like washing, I did not like cooking, I did not like cleaning, I did not like any house work so…(silence) based on my grandfather, I always had this thing that I was going to be different. […] So, my parents took me out of school three times and three times I run away from home and go back to school because I wanted to be different. I didn’t wanted be washing dishes.”

      Este deseo de ser diferente la llevó a ser la primera de su familia en completar la escuela superior. Belardo indica que aún interesada en completar estudios universitarios reconoció que en esto no sería apoyada por sus padres. Era el 1963, tenía 19 años y se fue aún conociendo el dictamen de sus padres: “Si te vas no vuelves, olvídate de nosotros. No eres hija de nosotras. No esperes nuestro apoyo”.

      Luego de trabajar por un año en un puesto clerical, y con el apoyo de personas cercanas solicitó a universidades en Michigan, Nueva York y Puerto Rico decidiendo finalmente completar un grado universitario en la Universidad Interamericana de San Germán.

      En aquél momento pensó que le sería allí más fácil alcanzar su meta porque ella era puertorriqueña, y estaría en un lugar que culturalmente debía aceptarla. Pero la realidad es que su experiencia en Puerto Rico fue tremendamente dura y la llenó de grandes interrogantes. “Going to Interamericana was the experience of my life, um (silence)…I found out a lot of discrimination…” recuerda.

      Belardo seleccionó su programa universitario porque el idioma de enseñanza era en inglés y ella no se sentía segura sólo comunicándose en español. Indica que experimentó el discrimen en Puerto Rico de varias maneras: “First , because of my color; second because of my language and my accent; and third because we were outsiders, molletos…They used to called us, you know, molletos de las islas and things like that. But it didn’t take me long to find friends and get involved and I spend a lot of time studying and working”.

      Durante este período también se casó con un ponceño y tuvo un hijo. A pesar de experimentar discriminación completó en menos de tres años su bachillerato, pero no pudo conseguir trabajo en Puerto Rico. Belardo piensa que el factor racial y de lenguaje incidió en esto. Y así decidió regresar a St. Croix, para luego moverse a completar una Maestría en Trabajo Social en Michigan. Para el 1970, había finalizado su grado pero también estaba divorciada, lo que aumentó las tensiones con su familia cuando regresó a St.Croix. Y con el tiempo se volvió a ir, esta vez a California, donde vivió por un tiempo.

      A Belardo vivir en Puerto Rico le hizo comprender que su ser puertorriqueño estaba atado a St. Croix. De igual modo, le confrontó con las dificultades que genera toda experiencia diaspórica. Internalizó que tendría que batallar constantemente con las tensiones generadas por los valores y tradiciones de culturas diversas que marcaban su identidad como persona multicultural. Para Belardo, este reconocimiento ha guiado su gestión política, desde dónde intenta representar a los que, como ella, han sufrido la discriminación. Ella se reconoce como puerto-cruceña porque, aunque valora sus orígenes culturales, el espacio cultural al que pertenece es St. Croix.