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       Sin duda, en la actualidad los puertorriqueños que componen la sociedad cruceña han logrado alcanzar posiciones prominentes tanto en la empresa privada como en la pública. En la década de 1980 dos puertorriqueños bajo el partido Movimiento Ciudadano Independiente fueron electos a cargos de suma importancia. Juan Luis Saldaña fue seleccionado como gobernador de las Islas Vírgenes, y Liliana Belardo fue electa como legisladora de la Cámara Legislativa de las Islas Vírgenes. Hoy en día, ambas figuras son conocidas y recordadas por su destacada labor gubernamental.

       Aunque se puedan trazar varias etapas que evidencian las relaciones entre Vieques y Santa Cruz desde finales del siglo XIX hasta el presente, todavía es difícil calcular el número exacto de migrantes que corresponde a cada periodo migratorio. Se presume que en la década de 1940 el 25 por ciento de la población cruceña era puertorriqueña según Clarence Senior (1947). Sin embargo, en la actualidad es muy difícil estimar de forma certera el número de puertorriqueños que vive en Santa Cruz. Alma Simounet en su estudio de 1987 señala que según el censo de 1980 el 19.2 por ciento de la población era puertorriqueño; no obstante, Simounet explica que muchas de las personas que contestaron el censo se identificaron como cruceños aunque fueran descendientes de puertorriqueños. En el más reciente Censo del 2000, la población total de Las Islas Vírgenes fue de 108, 612 habitantes; de éstos el 7.87 porciento se identificó como puertorriqueño. Aunque a simple vista de la impresión que con el paso del tiempo ha habido una reducción en la población cruceña de migrantes puertorriqueños, valdría la pena explorar cómo los ajustes característicos del proceso de adaptación ha influenciado la formación de las identidades de este grupo migratorio. A casi noventa años de esa migración inicial, actualmente hay en Santa Cruz hijos, nietos y bisnietos de esos primeros migrantes que se identifican en ocasiones como: puertocruceños, cruceños, hispanos y puertorriqueños. Este fenómeno evidencia cómo la migración detona una serie de negociaciones que a su vez manifiestan procesos de adaptación y acomodación y resistencia.

       La entrevista que se presenta a continuación es el resultado de una investigación que está en progreso sobre las prácticas culturales de los puertorriqueños en Santa Cruz. El fotógrafo radicado en Santa Cruz, Diego Conde junto al historiador Robert Rabin y el profesor de Humanidades, Benjamín Rivera Belardo presentaron en la Casa de Gobierno de Santa Cruz la exhibición fotográfica The Papa Them en el año 1992. La muestra consistió de más de 20 retratos que capturan las imágenes de los primeros migrantes puertorriqueños a la isla de Santa Cruz. Las historias de los sujetos retratados así como la historia del artista forman una especie de paralelismo que refleja los retos y contenciones que enfrentaron los puertorriqueños cuando se desplazaron a este nuevo territorio.

Vale la pena destacar de la muestra fotográfica la cotidianidad y naturalidad de los sujetos retratados. La cercanía del lente de la cámara refleja la posición del fotógrafo como miembro de la comunidad observada. Esto contrasta con otras colecciones fotográficas del Caribe en las cuales abundan las miradas exóticas y paradisíacas que destacan la naturaleza y la “nobleza salvaje” de sus habitantes (Duany 2002). La intimidad de los escenarios, los objetos que se muestran, así como las historias que los acompañan quedan plasmadas en estas fotografías. Doña Martina BelardoSin duda, Diego Conde nos regala una historia visual importante de una migración poco estudiada que presenta nuevas preguntas y exige nuevos paradigmas en torno a los estudios puertorriqueños.

       Aunque la proximidad geográfica pueda ser un aliciente al mismo tiempo que un promotor del mantenimiento cultural, los puertorriqueños radicados en Santa Cruz comparten experiencias parecidas a las de cualquier grupo migratorio. Sin embargo, la relación política de las Islas Vírgenes Americanas con los Estados Unidos así como su conexión sociocultural con el resto del Caribe plantea unas particularidades que demanda la atención de los investigadores. Esta entrevista es la historia oral de un puertorriqueño que, en vez de migrar a Estados Unidos, migró al otro Caribe. Los viajes, las travesías, el esfuerzo y la dedicación de la migración puertorriqueña en Santa Cruz queda registrada desde una óptica común, cercana y cotidiana producto de pertenecer y ser miembro activo de esta comunidad. Diego Conde nos invita a mirar y descubrir una puertorriqueñidad que mira al sur, al Caribe anglófono tan desconocido y tantas veces omitido.